domingo, 13 de abril de 2014
Sacudí las manos y me encontré a mí misma.
Hay que olvidar la belleza para existir, cómo pretendemos sentir si nuestro propio concepto de belleza lleva intrínseco un juicio interno. La belleza sirve para conocernos, para conocer nuestros estímulos y nuestras reacciones, pero si queremos en verdad descubrir sin limitarnos a un marco de referencia, debemos abrir la mente y los sentidos a lo que venga, sin esperar, sin juzgar, ¿quién dice que no nos pueden gustar las espinas de una rosa? Nadie, sino tú mismo.
Abrir la mente, sentir, catalogar. La última parte es la que me causa conflicto, pero esta parte es la que nos hace individuos, el proceso anterior completa un conocimiento real de uno mismo. Por lo tanto, contradigo mi primer pensamiento, no hay que olvidar la belleza, hay que saber emplearla, saber que nosotros mismos somos un auto concepto que viene desde nuestro interior y el vínculo interactivo con el exterior. Somos la belleza que, para conocerse, debe olvidarse por momentos de su propia existencia.
Autocomplacencia de un encuentro con tu propio ser, al mirar hacia adentro y hacia afuera con los sentidos... probar el mundo a flor de piel.
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