sábado, 12 de marzo de 2011

ATARDECE

Voy y vengo a lo largo de tu piel,
estremezco al saber que estás aquí.



Impones tu cuerpo, me impide ver el atardecer,
estoy encerrada, soy presa de una mezcla: recuerdo y momento.

Baja tu visión, te refugias en mi,
se cruzan los espejos del alma, miro en el tuyo deseo e inocencia.

Acaricio tus labios con mis labios, mis manos tocan tu rostro,
distingo un gesto cargado de ritmo y paciencia por el paso siguiente.

Avanzamos un poco, de nuevo soy presa,
esperas que avanze sin mover los pies; el siguiente punto en la agenda de lo inesperado es preciso.

Contemplas el cielo a través del techo, sé que puedo disponer de ti,
ahora los dos somos presa, el deseo es cazador.

Mi frente siente lo que el carmín anhela,
escalan las sombras nuevas rutas, me inundan tinieblas,
racimos de cinco uvas se enredan en alocadas ondas infinitas,
y una fruta más, me recuerda la seducción que provocó al primer hombre.

Sigo perdida en ti, la lluvia no nos moja pero acompasa el ritmo,
bajan las sombras y alargan aún más las rutas,

lo hago obvio, las risas y las mentes lo procesan pero no lo comprenden,
entonces pienso en el mar que me espera al cruzar la calle y bajo lento la oleada que me aborda.

Termina la lluvia, no quisiera frenar, pero, tus labios y mi frente, una vez más, se encuentran.

Espero ahora, con más frenesí, el momento en que nuestros cuerpos y nuestras mentes se amen a un tiempo.

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